
La joven jugadora de 18 años lucha por reunir los fondos necesarios para viajar al Sudamericano en Colombia. Combina sus estudios, el trabajo y la venta de rifas con una ilusión de máxima: llegar a un Juego Olímpico.
Alma Marcial tiene 18 años y un sueño claro: ser representante de Argentina en un Juego Olímpico. Esa ambición le despertó desde muy chica cuando descubrió el tenis de mesa en sus viajes a Río Negro para visitar a su abuela. “Iba a la costanera y ahí había mesas de ping pong”, introduce a modo revelador.
Ella es nacida en Florencio Varela, al sur del conurbano bonaerense, donde comenzó con la práctica competitiva en el polideportivo del municipio en 2018. Tres años después, tuvo su primera experiencia en la selección y en 2022 hizo su debut internacional.
Con el crecimiento de su carrera deportiva comprobó una dificultad con la que luchan muchos atletas: la falta de apoyo económico. La familia no puede costearle los viajes para competir: su papá -profesor de tenis de mesa- trabaja como electricista y su mamá cursa los últimos estudios de la carrera de kinesiología.
El desfinanciamiento, entonces, se convierte en la principal amenaza, un rival durísimo al que hay que vencer fuera de la mesa de 274 por 152 centímetros.

“Como atleta, siento a veces que ser parte de la Selección argentina termina siendo más un peso que un beneficio porque tenés que preocuparte de dónde sacar la plata para viajar y competir. Eso es una desventaja porque las jugadoras de la mayoría de los países sólo tienen que preocuparse por entrenar”, asume con resignación.
La iniciativa para cumplir el deseo de jugar el Sudamericano
Alma sabe que la Federación Argentina de Tenis de Mesa (FATM) no destina fondos para sustentar la carrera de los juveniles. “Siempre nos dicen que no hay dinero suficiente, las becas del ENARD sólo la tienen los mayores”, comenta.
Por esa razón, no dudó en invertir todo su esfuerzo e ingenio para poder estar presente en el Campeonato Sudamericano que se celebrará en Colombia entre el 12 y el 23 de mayo.

“Mi objetivo es representar a Argentina y lograr alguna medalla. Es un torneo que tiene una gran importancia porque suma puntos para el ranking mundial y es clasificatorio a los Juegos Panamericanos”, cuenta.
La idea inspirada en su hermano menor
Alma tuvo una ocurrencia para reunir la plata, inspirada en el caso de su hermano menor, que también juega al ping pong. Decidió vender rifas como una alternativa para cubrir los gastos del viaje, como lo hizo Valentino (11 años) en el tren para poder competir el año pasado en Bolivia.
La joven, paleta argentina número 1 del equipo Sub 19, necesita unos 2.000 dólares. De momento, colocó 55 de 500 números que vende a 5.000 pesos. Los premios del sorteo fueron donados.

Esta iniciativa complementa su trabajo como profesora de tenis de mesa, que realiza en el Municipio de Florencio Varela y el Bar Ping Pong, en el barrio de Colegiales.
Su vida está llena de sacrificios: además, cumple con su rutina de entrenamientos en el CENARD y sus estudios en el programa FinEs para completar el secundario. “Voy tres días a la escuela, luego viajo tres horas hasta el CENARD, entreno en el gimnasio y en mesa, y en los otros dos días trato de meter doble turno. En mi trabajo, doy las clases antes, en el medio o después de entrenarme”, explica sobre su ajetreada agenda.
El esfuerzo de Alma se constata no sólo en su trajín, sino también en el progreso de sus logros deportivos. Desde que comenzó a jugar al tenis de mesa en 2018, cuando era apenas una adolescente, obtuvo buenos resultados. En 2023, ganó medallas en el Sudamericano de Rosario y clasificó al Panamericano en Estados Unidos. También hizo experiencia en la liga Europea y entrenó en un centro de alto rendimiento en Portugal.

Este año, su objetivo es colgarse una medalla en el Sudamericano de Colombia, un torneo que puede abrir las puertas a competiciones futuras. “Mi sueño máximo es poder jugar en los Juegos Olímpicos”, asegura con la fuerza que guía su perseverancia.